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tormento que estas ideas daban a su alma se defendía Barbarita con su ardiente fe religiosa.Mientras oraba, una voz interior, susurro dulcísimo como chismes traídos por el Ángel de la Guarda, le decía que su hijo no moriría antes que ella.Los cuidados que al chico prodigaba eran esmeradísimos pero no tenía aquella buena señora las tonterías dengosas de algunas madres, que hacen de su cariño una manía insoportable para los que la presencian, y corruptora para las criaturas que son objeto de él.
sótano estaban, muertos de risa, varios fardos de cajas que aún no habían sido abiertos.Además de esto, las casas importadoras de Cádiz, Cuesta y Rubio, anunciaban dos remesas considerables que estaban ya en camino.No había más remedio que cargar con todo aquel exceso de género, lo que realmente era una contrariedad comercial en tiempos en que parecía iniciarse la generalización de los abrigos confeccionados, notándose además en la clase popular tendencias a vestirse como la clase media.
Juanito Pues Juanito fue esperado desde el primer año de aquel matrimonio sin par.Los felices esposos contaban con él este mes, el que viene y el otro, y estaban viéndole venir y deseándole como los judíos al Mesías.A veces se entristecían con la tardanza pero la fe que tenían en él les reanimaba.
pañolería y artículos asiáticos, sólo quedaban en la casa por los años del 50 al 60 tradiciones religiosamente conservadas.Aún había alguna torrecilla de marfil, y buena porción de mantones ricos de alto precio en cajas primorosas.Era quizás Gumersindo la persona que en Madrid tenía más arte para doblarlos, porque ha de saberse que doblar un crespón era tarea tan difícil como hinchar un perro.
Hasta que D.Baldomero realizó el traspaso, no se supo en aquella casa lo que era un metro, ni se quitaron a la vara de Burgos sus fueros seculares.Hasta pocos años antes del traspaso, no usó Santa Cruz los sobres para cartas, y estas se cerraban sobre sí mismas.
dejaba concurrir a los bailes de Villahermosa o de candil, según las aficiones de cada uno.Pero en lo que no hubo variación fue en aquel piadoso atavismo de hacerles rezar el rosario todas las noches.Esto no pasó a la historia hasta la época reciente del traspaso a los Chicos.
D.Baldomero no tenía carácter para poner un freno a su estrepitoso cariño paternal, ni para meterse en severidades de educación y formar al chico como le formaron a él.Si su mujer lo permitiera, habría llevado Santa Cruz su indulgencia hasta consentir que el niño hiciera en todo su real gana.
D.Baldomero le pareció muy bien el viaje del chico, para que viese mundo y Barbarita no se opuso, aunque le mortificaba mucho la idea de que su hijo correría en la capital de Francia temporales más recios que los de Madrid.A la pena de no verle uníase el temor de que le sorbieran aquellos gabachos y gabachas, tan diestros en desplumar al forastero y en maleficiar a los jóvenes más juiciosos.
significaban tales rutinas terquedad y falta de luces.Por el contrario, la clara inteligencia del segundo Santa Cruz y su conocimiento de los negocios, sugeríanle la idea de que cada hombre pertenece a su época y a su esfera propias, y que dentro de ellas debe exclusivamente actuar.
D.Baldomero no lo decía así pero sus vagas ideas sobre el asunto se condensaban en una expresión de moda y muy socorrida el mundo marcha.Felizmente para Juanito, estaba allí su madre, en quien se equilibraban maravillosamente el corazón y la inteligencia.
apareció en el extremo Oriente un nuevo artista, un genio que acabó de perturbar a D.Bonifacio.Este innovador fue Senquá, del cual puede decirse que representaba con respecto a Ayún, en aquel arte budista, lo que en la música representaba Beethoven con respecto a Mozart.
denominó desde entonces Sobrinos de Santa Cruz, y a estos sobrinos, D.Baldomero y Barbarita les llamaban familiarmente los Chicos.En el reinado de D.Baldomero I, o sea desde los orígenes hasta 1848, la casa trabajó más en géneros del país que en los extranjeros.
París...El marqués de Casa-Muñoz se lo decía a Barbarita No hay que involucrar, París es muy malo pero también es muy bueno.Don Baldomero Santa Cruz era hijo de otro D.Baldomero Santa Cruz que en el siglo pasado tuvo ya tienda de paños del Reino en la calle de la Sal, en el mismo local que después ocupó D.
ingenio bordador de los pañuelos de Manila, el inventor del tipo de rameado más vistoso y elegante, el poeta fecundísimo de esos madrigales de crespón compuestos con flores y rimados con pájaros.A este ilustre chino deben las españolas el hermosísimo y característico chal que tanto favorece su belleza, el mantón de Manila, al mismo tiempo señoril y popular, pues lo han llevado en sus hombros la gran señora y la gitana.
Hablaba de los reverberos que había puesto el marqués de Pontejos, del cólera del año anterior, de la degollina de los frailes, y de las muchas casas magníficas que se iban a edificar en los solares de los derribados conventos.Todo esto era muy bonito para dicho en la tertulia de una tienda pero sonaba a cencerrada en el corazón de una doncella, que no estando enamorada, tenía ganas de estarlo.
Temía que Dios la castigase por su orgullo temía que el adorado hijo enfermara de la noche a la mañana y se muriera como tantos otros de menos mérito físico y moral.Porque no había que pensar que el mérito fuera una inmunidad.Al contrario, los más brutos, los más feos y los perversos son los que se hartan de vivir, y parece que la misma muerte no quiere nada con ellos.
Envolverse en él es como vestirse con un cuadro.La industria moderna no inventará nada que iguale a la ingenua poesía del mantón, salpicado de flores, flexible, pegadizo y mate, con aquel fleco que tiene algo de los enredos del sueño y aquella brillantez de color que iluminaba las muchedumbres en los tiempos en que su uso era general.
Cordero, sin embargo, no se desanimaba.Su marido empezaba a atontarse ella a ver claro.Vio que las costumbres de Madrid se transformaban rápidamente, que esta orgullosa Corte iba a pasar en poco tiempo de la condición de aldeota indecente a la de capital civilizada.
aquellos olfatorios era tremendo.Por último, las dos amiguitas y otras que se acercaron movidas de la curiosidad, y hasta la propia doña Calixta, que solía descender a la familiaridad con las alumnas ricas, reconocían, por encima de todo sentimiento envidioso, que ninguna niña tenía cosas tan bonitas como la de la tienda de Filipinas.
gordo y D.Baldomero tratáronse siempre como hermanos en la vida social y como compañeros queridísimos en la comercial, salvo alguna discusión demasiado agria sobre temas arancelarios, porque Arnaiz había hecho la gracia de leer a Bastiat y concurría a los meetings de la Bolsa, no precisamente para oír y callar, sino para echar discursos que casi siempre acababan en sofocante tos.
noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo mío y el otro y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad.
cayendo el chal de los hombros de las mujeres hermosas, porque la sociedad se empeñaba en parecer grave, y para ser grave nada mejor que envolverse en tintas de tristeza.Estamos bajo la influencia del Norte de Europa, y ese maldito Norte nos impone los grises que toma de su ahumado cielo.
Estas razones no convencían a Barbarita, que seguía con toda el alma fija en los peligros y escollos de la Babilonia parisiense, porque había oído contar horrores de lo que allí pasaba.Como que estaba infestada la gran ciudad de unas mujeronas muy guapas y elegantes que al pronto parecían duquesas, vestidas con los más bonitos y los más nuevos arreos de la moda.
conocían el sello de correo, ni los sobres ni otras conquistas del citado progreso.Pero ya los dependientes habían empezado a sacudirse las cadenas ya no eran aquellos parias del tiempo de D.Baldomero I, a quienes no se permitía salir sino los domingos y en comunidad, y cuyo vestido se confeccionaba por un patrón único, para que resultasen uniformados como colegiales o presidiarios.
honor a la verdad, debo decir que los desvaríos de Juanito no eran ninguna cosa del otro jueves.En esto, como en todo lo malo, hemos progresado de tal modo, que las barrabasadas de aquel niño bonito hace quince años, nos parecerían hoy timideces y aun actos de ejemplaridad relativa.
así, a boca de jarro, de que me iba a casar contigo, me corrió un frío por todo el espinazo... Todavía me acuerdo del miedo que te tenía.Nuestros padres nos dieron esto amasado y cocido.Nos casaron como se casa a los gatos, y punto concluido.
tarde o temprano había de venir...era cuestión de paciencia.Y el muy pillo puso a prueba la de sus padres, porque se entretuvo diez años por allá, haciéndoles rabiar.No se dejaba ver de Barbarita más que en sueños, en diferentes aspectos infantiles, ya comiéndose los puños cerrados, la cara dentro de un gorro con muchos encajes, ya talludito, con su escopetilla al hombro y mucha picardía en los ojos.
esposos salían a paseo juntos todas las tardes.Jamás se ha visto a D.Baldomero II en un teatro sin tener al lado a su mujer.Cada día, cada mes y cada año, eran más tórtolos, y se querían y estimaban más.Muchos años después de casados, parecía que estaban en la luna de miel.
sombra me lo tuvieron veinte y tantas horas, y aún durara más su cautiverio, si de él no le sacara el día 11 su papá, sujeto respetabilísimo y muy bien relacionado. Ay, el susto que se llevaron D.Baldomero Santa Cruz y Barbarita no es para contado.
travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo Zalamero daba quince y raya.Entrole la comezón de cumplir religiosamente sus deberes escolásticos y aun de instruirse por su cuenta con lecturas sin tasa y con ejercicios de controversia y palique declamatorio entre amiguitos.
interrogándose y respondiéndose con toda lealtad, resultaba que no le quería absolutamente nada.Verdad que tampoco le aborrecía, y algo íbamos ganando.A los dos meses de casados, y después de una temporadilla en que Barbarita estuvo algo distraída, melancólica y como con ganas de llorar, alarmando mucho a su madre, empezaron a notarse en aquel matrimonio, en tan malas condiciones hecho, síntomas de idilio.
escudriñando los troncos de estos linajes matritenses, sería fácil encontrar que los Arnaiz y los Santa Cruz tenían en sus diferentes ramas una savia común, la savia de los Trujillos. Todos somos unos dijo alguna vez el gordo en las expansiones de su humor festivo, inclinado a las sinceridades democráticas, tú por tu madre y yo por mi abuela, somos Trujillos netos, de patente descendemos de aquel Matías Trujillo que tuvo albardería en la calle de Toledo allá por los tiempos del motín de capas y sombreros.
contrario, Santa Cruz y Villalonga se ponían siempre en la grada más alta, envueltos en sus capas y más parecidos a conspiradores que a estudiantes.Allí pasaban el rato charlando por lo bajo, leyendo novelas, dibujando caricaturas o soplándose recíprocamente la lección cuando el catedrático les preguntaba.
mantón sería una prenda vulgar si tuviera la ciencia del diseño no lo es por conservar el carácter de las artes primitivas y populares es como la leyenda, como los cuentos de la infancia, candoroso y rico de color, fácilmente comprensible y refractario a los cambios de la moda.
tenían canas las cabezas de uno y otro, y D.Baldomero decía a todo el que quisiera oírle que amaba a su mujer como el primer día.Juntos siempre en el paseo, juntos en el teatro, pues a ninguno de los dos le gusta la función si el otro no la ve también.
tenía en más estima, y por esto no lo sacaba sino en ciertos días, era su colección de etiquetas, pedacitos de papel verde, recortados de los paquetes inservibles, y que tenían el famoso escudo inglés, con la jarretiera, el leopardo y el unicornio.
Lavadas estas partes, se lavaría después otras.Este Madrid, que entonces era futuro, se le representó con visiones de camisas limpias en todas las clases, de mujeres ya acostumbradas a mudarse todos los días, y de señores que eran la misma pulcritud.
referente a sociedad, yo era un salvaje.Como mis padres no me permitían más compañía que la de otros muchachones tan ñoños como yo, no sabía ninguna suerte de travesuras, ni había visto a una mujer más que por el forro, ni entendía de ningún juego, ni podía hablar de nada que fuera mundano y corriente.
aquellos días no era todavía costumbre que fuesen al Ateneo los sabios de pecho que están mamando la leche del conocimiento.Juanito se reunía con otros cachorros en la casa del chico de Tellería Gustavito y allí armaban grandes peloteras.Los temas más sutiles de Filosofía de la Historia y del Derecho, de Metafísica y de otras ciencias especulativas pues aún no estaban de moda los estudios experimentales, ni el transformismo, ni Darwin, ni Haeckel eran para ellos, lo que para otros el trompo o la cometa.
Difícil era borrar la grata impresión y el éxito del perfume.La ferretera, algo corrida, tenía que guardar los trebejos, después de oír comentarios verdaderamente injustos.La de la droguería hacía muchos ascos, diciendo Uy, cómo apesta eso, hija, guarda, guarda esas ordinarieces.
Total que cuando Juan se hizo bachiller en Artes, Barbarita declaraba riendo que con estos teje-manejes se había vuelto, sin saberlo, una doña Beatriz Galindo para latines y una catedrática universal.En este interesante periodo de la crianza del heredero, desde el 45 para acá, sufrió la casa de Santa Cruz la transformación impuesta por los tiempos, y que fue puramente externa, continuando inalterada en lo esencial.
dueños de la casa llamada del portal de la Virgen, celebraban aquel día una simpática fiesta y ponían allí, junto al mismo taller de cucharas y molinillos que todavía existe, un altar con la cruz enramada, muchas velas y algunas figuras de nacimiento.
Baldomero era juicioso, muy bien parecido, fornido y de buen color, cortísimo de genio, sosón como una calabaza, y de tan pocas palabras que se podían contar siempre que hablaba.Su timidez no decía bien con su corpulencia.Tenía un mirar leal y cariñoso, como el de un gran perro de aguas.
Senquá modificó el estilo de Ayún, dándole más amplitud, variando más los tonos, haciendo, en fin, de aquellas sonatas graciosas, poéticas y elegantes, sinfonías poderosas con derroche de vida, combinaciones nuevas y atrevimientos admirables.Ver D.
estoy tranquilo, y no veo con malos ojos que se despabile, que conozca el mundo, que adquiera soltura de modales.... No, si lo que menos falta hace a mi hijo es adquirir soltura, porque la tiene desde que era una criatura...Si no es eso.No se trata aquí de modales, sino de que me le coman esas bribonas.
Caramba, qué sudores pasé Pero yo qué le voy a decir, si lo único que sé es que usted lo pase bien, y en saliendo de ahí soy hombre perdido....Ya te he contado mil veces la saliva amarga que tragaba ay, Dios mío, cuando mi madre me mandaba ponerme la levita de paño negro para llevarme a tu casa.
esposa pareciome, para decirlo de una vez, una mujer guapísima, casi estoy por decir monísima.Su cara tenía la frescura de las rosas cogidas, pero no ajadas todavía, y no usaba más afeite que el agua clara.Conservaba una dentadura ideal y un cuerpo que, aun sin corsé, daba quince y raya a muchas fantasmonas exprimidas que andan por ahí.
costumbres aquellas tan diferentes de las de ahora La civilización, hija, es mucho cuento. Qué padre le daría hoy un par de bofetadas a un hijo de veinte años por haberse puesto las botas nuevas en día de trabajo Ni cómo te atreverías hoy a proponerle a un mocetón de estos que rece el rosario con la familia Hoy los jóvenes disfrutan de una libertad y de una iniciativa para divertirse que no gozaban los de antaño.
mandó en carne mortal, cuando los esposos empezaron a quejarse de la Providencia y a decir que les había engañado.Día de júbilo fue aquel de Septiembre de 1845 en que vino a ocupar su puesto en el más dichoso de los hogares Juanito Santa Cruz.